COGER UN TAXI EN… GLASGOW

Siguiendo con la exitosa sección “Coger un taxi en…” le toca el turno a la escocesa ciudad de Glasgow, donde he estado para hacer el review de un hotel. La ciudad esta muy bien, recuerda un poco a Nueva York pero sin rascacielos y más palurda. Los taxis son muy bonitos, negros (menos los que van totalmente cubiertos de publicidad, que son atroces) y con la posibilidad de pillar uno de seis plazas. Están bastante limpitos y los coches son relativamente nuevos, no se ven “antiguallas” de cuatro ruedas.

Por el centro es mejor ir andando a los sitios, pues no es demasiado grande y sólo procede coger un taxi si estás perdido o vas lejos. Los taxistas son bastante bordes y de mente cuadrada, en plan hooligan tanto de look como de actitud. No hay que dejar propina (son algo caros de por sí) y aconsejo llevar cash encima, pues el tener que parar en el hotel o en un cajero para poder pagar puede ser un drama para estos “retarded scotish taxi drivers”. Calificación Taxis: 7.3. Taxistas: 5,6

CEVICHE EN LA COLONIAL

El ceviche ha sustituido al sushi como plato fashion en los salones, y la tendencia de hacer platos de alta cocina con casquería y vísceras, encuentra en lo peruano uno de sus exponentes más afortunados, con platos como los anticuchos, realizado con corazón de vaca o ternera. Pero no hace falta ir a Astrid & Gastón para comerse un buen ceviche. En el restaurante de cocina popular peruana La Colonial, lo hacen estupendamente y super mega ultra barato.

Aconsejado por la empleada peruana que limpia en mi casa, descubrí La Colonial un “peru-talego” excelente tanto por la comida, como por el ambiente que allí se respira 100% cono sur. La decoración es muy andina, con fotos del dueño engalanado, tapices del Machu Pichu, una tv con los canales de música peruana a todo meter… Muy pocos españoles vamos a comer allí, y la mayoría de los comensales son de la colonia peruana en Madrid. Pero lo extremo del ambiente, mejora incluso la experiencia del ceviche, que está medianamente fresco, muy macerado, con picante a alegir, y con la leche de tigre menos aguada que en otros sitios.

Acompañado por el chef de reposteria belga Juan Carlos Boucque, pudimos disfrutar de un ceviche personal (de corvina), y medio pollo con una gran cantidad de patatas fritas caseras. Aconsejo pedir esto, pues otros platos de la cocina peruana son verdaderas bombas de relojería calóricas al mezclar arroz blanco con patas fritas, carne y verduras (como el lomo saltado)… y eso se nota en el tamaño extra large y el evidente sobrepeso de las familias peruanas que allí comen.

Esta todo muy bueno y sales de allí totalmente lleno por unos 10 euros. Las cantidades que ponen son enormes y el trato es muy servil, sobre todo si ven que eres europeo, pues les halaga que gente diferente a ellos vaya al restaurante a comer. Aparte de comer por cuatro perras, lo divertido es analizar en detalle todas las bizarras costumbres, comportamientos y estilismos de los peruanos que distraen bastante mientras estas tragando ese ceviche tan correcto. La Colonial C/Bronce 13. Calificación. Servicio: 7. Decoración: 8. Comida: 7,5

GRANDES SEÑORAS: LA DUEÑA DE LHARDY

Siguiendo con la exitosa sección Grandes Señoras, le toca el turno en esta ocasión a Milagros Novoa la dueña de uno de los restaurantes más decadentes de Madrid: Lhardy. De su mano tuve el placer de hacer un tour por todos esos salones privados decorados en plan rococó. Un estilo rancio que de tan pasado tiene cierta gracia, más que nada por lo bizarro de un casticismo trasnochado, pero que con una vuelta de tuerca se puede convertir en algo moderno. Revisitar ese estilo rancio es tendencia.

Con un estilismo que recordaba mucho al de la Sra de Alvarez del Manzano (pelo cardado, laca a gogo, maquillaje marmoleado, jersey de gala con lentejuelas, floripondios, perlas cultivadas, abanico, oros, diamantes…) esta gran señora de la restauración de hace siglos, desveló a un grupo de saloneros allí congregados todos los secretos de las porcelanas, las vajillas, los cuadros, y los rancios premios y galardones de su restaurante. Recetas y estética de la abuela que hacen las delicias de la geriatría más de orden. Pero me encanta su estilo.