TOTA ALBA VS LOLA GAOS

Siguiendo con la exitosa sección de confrontar actores de culto, me han venido a la cabeza dos de mis actrices favoritas, las super siniestras damas de la escena Tota Alba y Lola Gaos. Tota se especializó en papeles característicos de señoras malignas y de muy mala leche, como Ignacia de la genial película “El extraño viaje”, para más tarde ser una de las musas del cine y la tv de terror de los 70, con bizarrisimas apariciones en “Historias para no dormir” y en co-producciones de terror serie z como la explotación de “El Exorcista”, o sea “La Endemoniada”, compartiendo cartel con otra ídola, la niña Marian Salgado. También fue encasillada en papeles de alcahueta, que la verdad los bordaba. Su siniestro físico era muy moderno y adelantado a su época. Como actriz una genia.

Lola Gaos es paradigma de papeles de mal rollo dentro del cine, y su voz y físico tan totales como el de Tota Alba, tanto que parecen como hermanas. La voz de Lola Gaos es de las mejores del cine, y solo su oscura presencia ya daba miedo. Comenzó su carrera con papeles teatrales de desnaturalizadas damas de època en los Estudio 1 y luego multitud de papeles en cine, siendo el de la película “Furtivos” su mayor genialidad (antológica fue la escena en la que mata a un perro a palos). Gaos es también un icono de la moda por su extrema delgadez, su ambigüedad y sus siniestros sayos de militante comunista. Ambas son dos genias de la estética y la interpretación y su estilo vuelve con mucha fuerza. Son tendencia absoluta.
Lola Gaos. Calificación: 8. Tota Alba. Calificación: 8,5

LE CABRERA: GASTRO POSH STYLE

Acompañado por la prestigiosa gourmet y fotógrafa Rosa Veloso acudí a Le Cabrera, el gastrobar que está arrasando entre la fauna más recalcitrantemente pija de Madrid. El espacio está muy mono puesto siguiendo los cánones de “modernidades de libro” de la mano del diseñador Luis Gallusi, que ha creado un set con un diseño por encima de la media de los locales madrileños, con alicatado en relieve de espejos, barra retroilluminada de Finestone, taxidermia en cerámica blanca, empalpelado 50´s y una colección de cocteleras cedida por Alberto Font. De las medias raciones (lo que está de moda en Londres y NY) se ocupa el chef Benjamin Bensoussan, en la barra de arriba, y abajo está el feudo del argentino Diego Cabrera, que prepara estupendos cócteles a lo más posh de la ciudad, y que en esta nueva y flamante ubicación ha superado y olvidado el semi-fracaso de su sótano en el Gastro de su mentor Sergi Arola.

Tanto el estilismo del servicio, como el trato y el ambiente son muy correctos y absolutamente por encima de otros gastrobares similares como Tomate o El Plató por poner dos claros ejemplos de sitios cutres para “pijos desinformados” y palurdos con algo de poder adquisitivo e ínfulas high class, pero torpes en cuanto a educación, refinamiento y gusto. Nos pareció, que al menos, Le Cabrera esta al nivel de los locales que se pueden ver en ciudades buenas (nota: no incluyo a Madrid entre las “buenas”). Sentados en la bonita barra de mármol artificial, tipo “bar de mercado fashion” a lo San MIguel, y temerosos ante la posibilidad de degustar “comistrajos cinco estrellas”, resultó que la comida no estaba nada mal, sobre todo por la calidad del producto, que es super mega ultra fresco. Dimos nuestro aprobado a… casi todo.

Nos gustó mucho el tartar de buey con el toque de soja (carne de callidad y geniales huevos de corral de la Pollería de Higinio Gómez en la Galería Comercial Magallanes) la tarrina de foie-gras de pato (sin el típico sabor a hígado revenido y rancio de los salones canaperos), las ostras escabechadas; las alitas de pollo fritas. El toque freak lo pudimos probar en las salchichas rellenas de vieiras, que se apuntan definitivamente a la tendencia de moda del comistrajo.También super buenas las sardinas, al estilo de Arola. Y por poner un pero, las navajas que habia fuera de carta, no eran tales, sino una sub-raza más gruesa, y de carne y sabor más burdo (el pescadero les dió gato por liebre o más bien navajas por longueirones). Maridamos todo con un vino alemán muy dulzón y floral, Gewürztraminer, que equilibraba todo ese batiburrillo de sabores fashion-food. Le Cabrera. C/Bárbara de Braganza 2. Madrid. Calificación: 7,8. Comida:7.6. Cócteles:7.7. Diego Cabrera: 8.