JOCKEY MADRID

El restaurante Jockey es desde 1945 una institución madrileña de primer orden. Más allá de la restauración, durante cuarenta años ha sido un mito del lujo y del buen comer, reservado a la elite social del país y las celebrities que lo visitaban (Grace Kelly, Farah Diva, Doña Sofia e Irene de Grecia…). Cuarenta años de liderazgo nacional con alta cocina (para algunos afrancesada, para otros castiza) pesan mucho en el Jockey actual, que acaba de renacer de sus cenizas gracias a una nueva dirección, que pretende borrar de un plumazo la ranciedad implicita en este tipo de templos de la cocina demodé. Destaca la calidad de sus platos, el servicio, y por tener una de las bodegas más importantes de la ciudad, con más de 700 referencias, podremos degustar vinos, champagne, cava, licores y destilados. Un clásico, un must, que renace de sus cenizas.

Jockey se ha reeditado con nuevo interiorismo de Ignacio García de Vinuesa, que ha cambiado telas, apliques y moqueta y ha recuperado las piezas de plata, pero ha mantenido signos de identidad como el banco corrido, la barra, y ha potenciado ese estilo del club social privado al estilo del University Club de Nueva York, un exclusivo local para millonarios judios en Manhattan. El lujo de Jockey es ahora más democrático, pero sigue siendo lugar de encuentro del “familias de orden”, clientela de bizarro pelaje clasista que dan al restaurante un genial punto cómico, muy chic, al estilo de la película Grand Restaurant de Louis de Funes. Acudí a dar fe de todo ello con un traje de Hugo Boss, camisa blanca de Gucci, corbata de fred Perry estilo “boarding school” y zapatos de Prada, cumpliendo el dress code masculino del local, e incluso superándolo pues mi atuendo estaba por encima de la media comparado con los austeros trajes de recia sastrería de antaño, del resto de señores de copa y puro allí presentes.

El servicio es uno de los puntos fuertes del restaurante: recio, uniformado, de robóticos movimientos casi castrenses y jerarquía gastronómica super mega ultra marcada, mostrada en un divertido show cooking a escasos centímetros del comensal, que puede ver como preparan el estupendo steak tartar, trocean los picantones asados, o sirven en relucientes bandejas de plata sus míticas patatas soufflé. La vajilla de porcelana inglesa con un gorro de Jockey estampado en rosa y filamento de oro merece mención aparte, pues da un toque de distinción y decadencia muy necesario para el resurgir de este gran restaurante, al igual que una coqueta figurita de un jockey en miniatura en cada mesa.

Jockey mantiene su cocina clásica, con un precio medio de 90 a 100 euros y una carta en la que conviven grandes éxitos de su recetario –como la ensalada de salmón marinado al eneldo, la ensalada de bogavante, la ensaladilla rusa (fuera de carta y a la altura de la de La Tasquita de Enfrete), los pollos asados, las patatas fritas…- con platos del día y novedades, como las ostras de la firma francesa Daniel Sorlut. Una carta muy correcta y acorde a los gustos de una clientela conservadora que no es amiga de fusiones extrañas. En Jockey hay platos ganadores, gastronomía de fondo, ambiente de chalet social de urbanización de lujo, dress code (chaqueta y corbata obligatorios) al estilo del los clubs privados londinenses y un divertido halo clasista que hace de Jockey, de nuevo, uno de los sitios más chics, modernos y elitistas del Madrid del 2011. Jockey. Calificación: Comida: 7,4. Servicio: 7,8. Decoración: 7,2

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