GASTRONOMIA DE BRASIL EN THE WESTIN PALACE

Tras el éxito de la pasada edición con la participación del chef coreano Yim Jung Sik, The Westin Palace, Madrid se suma por tercer año consecutivo a Gastrofestival, un proyecto de Madridfusión y el Ayuntamiento de Madrid. En esta 3º edición The Westin Palace, Madrid participa en tres de los proyectos: Cenas con las estrellas, Felipe Rameh, ponente de Madridfusión y Paula Cardoso, dos grandes chefs brasileños, son los invitados en el restaurante “La Rotonda”, donde mano a mano prepararán un menú degustación con todo el arte culinario brasileiro, el resultado de una gran mezcla de tradiciones, ingredientes y alimentos que a lo largo de más de 500 años de historia han ido configurando una gastronomía apasionante que les proponemos descubrir. A dar fe de todas ambrosías acudi para catar un menú muy correcto que no se hace pesado y esta perfectamante ejecutado por estos dos chefs emergentes del tambien emergente Brasil.Crema de patata “baroa” con setas frescas, castañas tostadas y brotes verdes (con una patata brasileña dulce exquisita, setas de bosque y una variedad de castañas inéditas en Europa que armonizaban a la perfección, sin caer en el típico puré de patatas mazacote a lo hispano), Filete de Lubina con “Palmito de Pupunha” al horno en emulsión de castaña del estado de Pará, leche de coco y limón naranja (muy fresco con unos palmitos que nada tienen que ver con los de lata que se conocen aqui).

Seguido de Alitas de Pollo Crujiente servido con “okra” y su caviar en caldo meloso (espectacular y austero plato con la okra semi cruda con sus semilla a modo de caviar vegetal), Costilla de Cochinillo lechal crujiente cocinada a baja temperatura con cocido de polenta del estado de Minas Gerais (crujiente y maridado con una polenta mucho más granulada y gustosa que la habitual). Luego una tabla de quesos del estado de Minas Gerais acompañada con confitura de frutas (los quesos correctos adquieren categoria superior gracias al maridaje de las confituras de frutas exóticas brasileñas de ese rico estado de Minas)y Dulce de Leche regional con plátano, helado de leche y crujiente de especias (plátano de sabor más intenso qye no requiere extras de azúcar) y una genial degustación de café de Brasil y Dulces tradicionales de cacahuete y de leche condensada con chocolate. Todo maridado con vinos seleccionados por Westin. Los dos chefe están coinando estas delicias el 23, 24 y 25 de enero. Precio de 75€ IVA y vinos incluidos. Calificación: 7,4

MENU NOCHEVIEJA 2012 HOTEL PALACE

Para despedir su centenarios el palace ha prepardo una gala de Nchevieja muy especial. La decoración la hace el artista Xavi Muñoz, con una instalación bajo la icónica cúpula de cristal del hotel en la que 1000 mariposas doradas suspendidas con nylon a través de una red invisible desde la lámpara central hacia las columnas reflejan la imagen del espacio provocando destellos luminosos. 100 de las 1000 mariposas vuelan con 100 llaves doradas, simbolizando los 100 años del hotel. En fin de año, Diego Guerrero, reconocido cocinero madrileño, chef ejecutivo de El Club Allard, biestrellado por la prestigiosa Guía Michelín, ha creado ocho sorprendentes platos para recibir el 2013 con lujo y glamour en el paladar.

La cena y fiesta estará amenizada con la música de los catorce artistas de la Orquesta Santiago que darán la bienvenida al nuevo año y tomando las tradicionales doce uvas. El espectáculo culminará con un recorrido por la música española, caribeña, internacional, así como los populares tangos, boleros y pasodobles de siempre. Acudí a dar fe de todo ello y probar las ambrosías diseñadas para el hotel por Diego Guerrero, que también se pasó por la exposición del fotos de los 100 años de hotel para ver mi reconocida y apreciada foto “Room 666″, por la cual me felicitó. Ya antes se había declarado fan de mis imagenes de Gastrodeidades. Y es que ambos somos admiradores mutuos de nuestro trabajo, lo cual me halaga sobremanera.

Caviar Per Sé (el antiguo caviar de Riofrio, casi casi parecido y a la altura del caviar ruso, presentado en una preciosa lata y con blinis y maridado con Champagne Laurent-Perrier Brut), Pez mantequilla con tres coliflores, tartufo y tobiko (una exquisitez con resabios japo y de la huerta española a modo de crema de coliflor que multipilcaba el sabor del pescado), Cocochas de salmón ahumado con caldo corto de azafrán, erizo de mar y aire de coco (una de las delicias dle club Allard adaptada al hotel), Donete de ternera y trufa (original forma de procesar la carne, muy arriesgada y que los cocineros del hotel resolvieron dentro de sus posibilidades pero positivamante)

Todo regado con un excelente Finca Montico  D.O. Rueda Bodegas Herederos del Marqués de Riscal, como postres la original Maceta de sacher y jengibre (como comerse una pequeña maceta) y La pecera (un vistoso y comercial postre con sus algas, coral etc,,, del que solo faltaba poder comer el cristal). Se trata de un menú muy espectacular que es perfecto placebo del maravilloso Club Allard, y que el propio Diego supervisó en persona para que la cocina del hotel lo realizase de la manera más fiel a la original ideada por el genio de Vitoria. Una manera muy lujosa para acabar en año y poner colofón a los cien años del Hotel, del cual tengo el gran placer de claborar con mis exposiciones de fotografía. Su año cien lo abrieron con mi exposición Gastrodeidades, y lo cierran con las ambrosias de Diego Guerrero. Un centenario prefecto. Nochevieja Hotel Palace: Calificación: 7,8. Menú Diego Guerrero: 7,7. Decoración: 7

EDOUARD LOUBET EN EL RITZ MADRID

Con tan sólo 22 años, Edouard Loubet comenzó a descifrar los secretos del paisaje provenzal a través de su cocina. Veinte años después y con dos estrellas Michelín en su restaurante Maison Edouard Loubet, el chef francés ha conseguido, con una cocina de exquisita sencillez y las materias primas más genuinas, convertir sus platos en auténticas melodías de sabores y aromas de la Provenza que cambian cada estación. Hasta el 25 de noviembre de 2012 el chef francés comparte fogones con Jorge González para deleitar a los clientes del restaurante Goya con una selección de platos elaborados con productos locales y de temporada del sur de Francia. A dar fé de todo ello acudí una vez más a los recargados salones del centenario hotel para probar este menú de una cocina francesa, que reinó en el siglo XX, pero que en el XXI ha quedado ya algo desfasada y entrado directamente en la categoría de Cocina Demodé, algo que no es ni bueno ni malo, tan sólo un hecho constatado.

Como buen chef francés Loubet usa las hierbas en sus guisos y aperitivos, como la tapenade de anchoas con verduras crudas (rollo entremés de pequeño hotel de campo gabacho); un trocito de pizza muy fina y crujiente con trufa negra de Claparedes (con un sútil y acertado toque trufado en formato aceitoso); una bolita de cordero empanado con mostaza de rúcula; otra de brandada de bacalao a la mejorana; y una tercera de pato ahumado con alcaravea (ambrosías de la campiña de la Provenza) en lo que bien pudiera ser entrantes del banquete de Asterix y Obelix. Regado todo con un vino blanco del propio chef (garnacha blanca, vermentino y rousanne), correcto y con una nariz de manzana Golden, Ruinart Blanc de Blancs y otro tinto de Loubet del 2006. Después una genialidad en forma de plato de zanahoria de Bonnieux en texturas: una baby a la brasa, trozos en crudo y marinados, jugo de zanahoria con flor de achillea, y puré de alcaravea, que brilló con luz propia al ser una barata, sencilla y humilde gastrofantasía de zanahoria, elevada a la categoría de delicatessen gracias a las hierbas de Druida del afamado chef. Después dúo de foie gras, confitado uno, a la sartén el otro con una acertada confitura de tomate verde que limpiaba el exceso de grasa del foie y un jugo caramelizado con licor de pino silvestre. Un clásico gastro-francés que dominan como nadie.

Luego una lubina salvaje, marcada en la plancha por un solo lado (al punto y super fresca) con una infusión ligera de salvia, una compota de acelgas y un chip de naranja que le daba un amargor muy Marquesa de Parabere (en definitiva este menu es un gran homenaje involuntario a la Marquesa y una exaltación de cuidado de la cocina viejuna). Para terminar, otro trozo de bosque en forma de plato (lomo de corzo con manzana blanca con un gratinado del abuelo Yvon), que prueba que la caza procesada de manera austera está bastante potable. El gratinado muy bueno pero un poco bomba… Como postre una genial trufa de otoño, chocolate Jivara, crema inglesa de tomillo y crumble de trufa (casi lo mejor del menú) que potenciaba el aroma de la ya quemada trufa en un excelente crujiente. Para el café unos divertidos marshmellows aromatizadosmcn trufa. En definitiva un chef dos estrellas cocinando a la manera francesa, en toda una oda a la cocina “french old school” pero, afortunadamente para los paladares y estómagos, más desgrasada y con un producto excelente. Edouard Loubet en Hotel Ritz. Calificación: 7,1

HALLACAS EN LOS CONOS DE PEPA

La hallaca es un plato envuelto típico de Venezuela . Consiste en un pastel hecho con masa de maíz saborizada con caldo de gallina y coloreada con onoto o achiote, relleno con un guiso de carne de res, cerdo y gallina o pollo (aunque hay versiones que llevan pescado), al cual se le agregan aceitunas, uvas pasas, alcaparras, pimentón y cebolla, envuelto de forma rectangular en hojas de plátano o de bijao (palma semejante a la del plátano, aunque de textura más fuerte), para finalmente ser atada con pabilo o pita y hervida en agua. Es un plato que, a pesar de que se puede servir en cualquier momento del año, es típico de la temporada navideña. Son muy difíciles de encontrar en Madrid, pero en noviembre y diciembre se pueden degustar en Los Conos de Pepa, en el Mercado de Torrijos en la zona de Goya.

Allí Claudia, su flamante cocinera, prepara todo tipo de ambrosias de origen venezolano e incluso se atreve con invenciones propias como los geniales Conos, que son masa de pizza fina rellena de diferentes cosas (en plan arepa), de reinapipiada, hummus, etc… La pizza es casera y esta bastante buena, y la vendem al peso. También hay pasta casera (una gran ventana diafana permite ver como preparan todo de manera artesanal), lasaña, pasta negra, empanadillas, salsas y ofrecen también talleres de cocina. Pero sin duda lo mejor es acercarse a probar estas hallacas que preparan a la manera tradicional de Venezuela, y acompañan de costillas con salsa agridulce, y ensalada de gallina (una especie de ensaladilla rusa, en la que el atún se sustituye por pollo o gallina). Se ve que son buenas hallacas, pues la masa es fina y el relleno picado muy menudo, lo cual es garantía del minucioso trabajo que lleva su preparación. Un must en estas navidades para comerlas alli o llevar a casa. Los Conos de Pepa: Calificación: 7,6. Hallacas: 7,8

PUNTO MX: AMBROSIAS MEXICANAS

Bajo el genial lema: “No Nachos No Maná”, Punto MX es el nuevo must de la comida mexicana en Madrid. Alejado de los típicos mariachis, luchadores o el reminiscente folclore mexicano,explota el lado más minimal y vanguardista de la gastronomía mexicana tanto en su restaurante de la planta de abajo, como en su bar que reinventa La Margarita, La Michelada y el concepto de Mezcalería. Impulsado por el chef mexicano Roberto Ruiz, el concepto que propone Punto MX integra las especialidades regionales del amplio espectro de la gastronomía mexicana, interpretadas desde una perspectiva cosmopolita. No queda ni rastro de la comistrajera cocina tex-mex y hasta los nachos son rebautizados y elaborados artesanalmente. La novedad es la incorporación de las materias primas españolas y una estética más contemporánea en las presentaciones de los platos, aunque siempre respetando escrupulosamente la esencia de cada receta

Las delicias que sirven son el guacamole (Ciudad de México, D.F.) –preparado “en directo” ante el comensal, con los ingredientes triturados en molcajete (mortero de piedra volcánica)- los tacos de chorizo verde con aguacate, queso y salsa martajada de chiles toreados (La Marquesa, Estado de México), el aguachile de rape con langostinos, con chile serrano y jardín (Mazatlán, Sinaloa) o el tuétano a la brasa, con salsa molcajeteada (Monterrey, Nuevo León), que llega a la mesa dentro del propio hueso, cortado de manera transversal. El resto de la carta de Punto MX completa un apasionante viaje por los sabores más esenciales de la cocina mexicana, con recetas de Puebla, Chiapas, Tamaulipas y demás estados de ese país, incluyendo postres donde también cuaja el concepto de la “nueva tradición”, como es el caso de la renovada versión de las crepas de cajeta. El pie de queso y la tarta de chocolate hacen falso el mito de que la comida mexcana falla en los postres.

La oferta de Punto MX no se limita a las tentaciones sólidas. El local dispone de un bar en su planta superior, donde se puede degustar una interesante selección de tequilas y mezcales, así como originales cócteles elaborados a partir de los destilados mexicanos: margarita sanguina, mezcalinha, mojito Xochimilco… Tampoco falta una buena selección de cervezas–con las que se preparan micheladas y clamatos–, aguas frescas aromatizadas con frutas de temporada y una ajustada y criteriosa selección de vinos del mundo. En este coqueto bar de decoración vintage, se puede comer verisones más pequeñas de los platos del restaurante y maridarlos con ambrosias como la Michelada salseada con chile deshidratado (el nuevo Bloody Mary anti resacas), o tomarse un Mezcal Reserva con naranja y sal de gusano.

Sus promotores, Martin Eccius(manager general, controlando), Roberto Ruiz (en la cocina, cocinando comos los angeles) y Juan Manuel Mayne (el tercero en disocordia), han conseguido reinterpretar las recetas clásicas del país de manera natural, sin fusiones forzadas y mejorando los platos d euna gastronomia campesina todavía desconocida en toda su magnitud en España. Tanto la decoración del local, (acertadísima) como el trato del personal (super mega ultra educados y agradables), la coctelería (renovando los clásicos de los grandes tragos mexicanos) y la comida (no se le puede poner demasiados peros) son de nivel muy alto. Lo dicho un must de Madrid. Calificación Punto MX: Cocina: 7,7. Coctelería: 7,7. Decoración: 7,4. Concepto global: 7,8

PONCELET CHEESE BAR

Cheese bar es uno de los sitios por excelencia para tomar queso. Su flamante barra, es perfecta para disfrutar de una copa maridada con exquisitas tapas de queso. Nacido en época estival, Cheese Bar quiere convertirse en un espacio en el que luchar contra las altas temperaturas mientras se descubren nuevas opciones gastronómicas relacionadas con el mundo del queso. Partiendo de la base de que el queso es algo bastante asqueroso (si pensamos en su textura, su olor y la manera en la que se obtiene) realmente es una ardua tarea integrarlo y maridarlo con según que cosas… como el pescado por ejemplo. Y en ese intento de vencer la parte gastronómicamente oscura del queso, están los promotores de este bonito local, conscientes de ese gran problema, revisando (para bien) su carta e incorporando geniales tablas personalizadas.

Las tapas son versiones reducidas de los platos que han acumulado tanto éxito durante los pasados meses e incorporan también nuevas creacioness del chef Francisco Pajares. Ofrecen además una tapa de quesos, compuesta por tres tipos de queso seleccionados diariamente por los Maitres Fromagers (lo hacen estupendamente viviendo toda la parafernalia quesera como si de una ceremonia se tratase). Un recurrente piscolabis que resulta óptimo para comer o cenar por un precio de entre 14 y 16€ degustando, por ejemplo, dos tapas y una bebida. Una opción positiva para ir cenar a base de quesos cortados, servidos y maridados perfectamente bien. Vamos, con una tabla y un vino sales de allí felizmente rodando calle abajo…

Cheese bar destaca también por sus desayunos, su zona de copas con una carta de vinos y destilados Premium especialmente pensada para tomar con queso, y su preciosa biblioteca donde poder descubrir todos los secretos del queso leyendo sus libros. Pero quien no quiera una tabla, puede probar la nueva carta. Muy pulida e integrando el queso de manera fluida y discreta, evitando asi que la fusión sea forzada. No olvidemos que la presencia de queso en un plato es uno de los garantes del comistrajo, y es dificil tratarlo correctamente en cocina. Llegué mentalizado para catar comistrajos queseros (armado con una sobrecito de Sal de Frutas Eno de naranaja que es mi kit de supervivencia para esos restaurantes de Dios), y me soprendieron gratamente los nuevos platos, que armonizan con el queso sin meterlo con calzador. No hizo falta sacar mi armamento secreto de bicarbonato orange.

Destaco de su carta los lomos de sardina Parrocha en escabeche suave con bastones de queso Grazalema (maridan bien como acompañamiento al escabeche), el tomato Kumato con queso pasiego (excelsa muestra de que queso y tomate son compatibles), los falsos gnocchis de queso Zamorano asados y con salsa de tomate trufada (un sencillo plato muy austero que vuelve a ensalazar el bizarro binomio queso-tamatuno) y los chipirones a la plancha con queso de Cantagrullas (que con algún trazo de comistrajo-recordemos que lleva queso fundido como relleno- se dejan comer muy bien y son un buen intento de la fusión desnaturalizada que supone pescado y la leche de una vaca fermentada), y los geniales helados de queso sólo servidos en este saloncito con jardín vertical y acustica a lo madrileño (con ruido extra). Todo un acierto las super mega ultra buenas tablas de queso, y la carta progresa muy acertadamente. Poncelet Cheese Bar. Calificación: 7,1. Tabla de Quesos: 7,7. Carta: 6,7. Decoración: 7. Servicio: 7,8.

CLUB ALLARD: LA REVOLUCION SILENCIOSA

Gracias a una comida organizada por Ron Santa Teresa acudí a Club Allard, uno de los restaurantes top de Madrid por el buen hacer de un equipo de profesionales de la gastronomía que han sabido actualizarse e innovar sin caer en la parodia, por no decir la caspa, disfrazada de alta cocina dirigida a epatar a pseudo gastrónomos, gente desinformada y demas wannabees que no saben lo que es comer bien. Diego Guerrero ha conseguido procesar los alimentos de tal manera, que a pesar de seguir las modas y los clichés de lo que se espera de este tipo de locales con estrellas Michelín, sigue conservando un sentido común en la cocina que da como resultado verdaderas maravillas manipulando la materia prima de calidad extrema de manera primorosa.

Un alimento de calidad es condición indispensable para realizar un tipo de cocina de vanguardia que recree toda suerte de sensaciones en vista, gusto y olfato. Diego consigue sorprender y epatar desde su particular “revolución silenciosa” que demuestra cada día en su precioso restaurante Club Allard, que cuenta con un servicio realmente efícaz, que no deja de estar pendiente de ti ni un nanosegundo, pero sin agobios, ranciedades, engolamientos y desde la naturalidad. La decoración está bastante correcta y no hay nada que agreda ni haga que resulte más importante que los platos que se sirven. Toda la parafernalia gastro es aquí, cuasi perfecta.

En esta ocasión, y para maridar con el genial Ron Santa Teresa Bicentenario, el “megaser de los fogones de alto nivel” ofreció algunas de sus más laureadas creaciones: trufa de caza y seta, el mini Babybell de camembert trufado, los raviolis de alubias de Tolosa en infusión de berza, el huevo con pan y panceta crujiente sobre puré de patata, tapa de pez mantequilla, papillote de perretxicos y espárrago de Navarra, hueva de rodaballo con AOVE y candy de Ikura, empanadilla de vieira con ajo negro, kokotxa de salmón ahumada en caldo corto de azafrán, erizo de mar y aire de coco, mero al horno con ajoblanco de ajo negro y caldo de sus propias espinas, y el taco de liebre estofada.

Tras las exquisitas tapas como la trufa de caza y setas (presentada con flores y un humo que era directamente bosque), la hueva de rodaballo con AOVE y candy de Ikura (para comer hueva a hueva con pinzas quirúrgigas), el mini babybel (una genialidad de sobra conocida) y una original tarjeta comestible, llegaron los platos fuertes, entre los que tengo que destacar la empanadilla de vieira con ajo negro (de preciosa presentación y que parece salida de la cocina de un dinner de Tokyo y nunca de la de un chef de occidente), la papillote de perretxicos y espárrago de Navarra (un trozo de un bosque de Navarra metido en una bola de plástico tan visionario que podría formar parte del menú de un restaurante de una nave espacial de lujo en el año 3000 que quisiera recrear lo que era un bosque extinguido del siglo XXI).

También el huevo con pan y panceta crujiente sobre puré de patata está bastate conseguido, siendo una especie de Huevos de Lucio “next generation” pero en sofisticado y sin trazos de comistrajo (no como los del presuntamente recio, rancio, acartondo y castizo mesonero), y el mero al horno con ajoblanco de ajo negro y caldo de sus propias espina, que estaba super mega ultra fresco, en su punto y con un caldo realmente trabajado o la estupenda interpretación de la verdadera comida mexicana en forma de taco de liebre estofada. Todo maravilloso y repito, sin trazo alguno de comistrajo. Algo muy difícil de conseguir. Por poner un “pero”, un poco más flojos los raviolis de alubias de Tolosa en infusión de berza, que eran la típica fabada deconstruida y esferificada, quizás puesta con calzador para que no faltara en el menú este tipo de “técnicas fenicias” que la gente si no las ven no se queda tranquila, por ese dañino influjo mainstream de los chefs en los telediarios.

A mi me horrorizan esos platos de cuchara esferificados o esas tortilla de patata deconstruidas, pero entiendo que por pautas comerciales se han de meter para que los japonenes que reservan con mucha antelación en Club Allard no salgan decepcionados. Incluyo también en el mismo saco circense a los postres “La pecera”; “la maceta” y el “huevo poché”, (como un huevo entero con cáscara de chocolate blanco que al romper deja ver la “yema” (mango) y la “clara” (coco). Esta revolución silenciosa no necesita de ese tipos de estrategias, pues tiene la suficiente entidad como para brillar con luz propia con sus “freakadas del paladar” como diría la prestigiosa periodista de TVE Merche Yoyoba. Calificación Club Allard:8. Diego Guerrero: 8. Servicio:8, Decoración:7

COMIDA POLACA EN EL HOTEL PALACE

Polonia por el tema del fútbol está de moda, y aprovechando este boom pretenden también promocionar su comida. Desde el próximo 14 de junio, The Westin Palace, Madrid y el Instituto Polaco de Cultura reciben a Janusz Korzyński, consagrado chef de la ciudad de Słupsk, que dará a conocer a Madrid un menú de alta cocina polaca, fusión de tradiciones y culturas de Centroeuropa. Acudí a la cata de este festival de comida polaca, confirmando mis intuiciones sobre su peculiar gastronomía. Y es que Polonia ha sido sinónimo de sopas a lo pobre, patatas guisadas, vodka, pan de centeno, viandas agrias… que en principio no resultan atractivas. Yo la tenía considerada como una de las cunas del comistrajo. El cocinero Janusz Korzyński, chef ejecutivo del restaurante de hotel The Westin Warsaw empezó su aventura con la cocina hace 30 años en su ciudad natal Słupsk, cerca de Gdańsk. Su talento y pasión por el universo de sabores le permitieron asumir el puesto de jefe del reconocido restaurante “Karczma Słupska” a la edad de 19 años.

Desarrolló sus conocimientos culinarios a lo largo de los viajes realizados por Alemania y Hungría e África del Norte. Al regresar, en el año 2003 recibió una invitación para ocupar el puesto de chef ejecutivo del restaurante de hotel The Westin Varsovia. Fue uno de los primeros cocineros polacos en implantar el estilo fusión, y tiene su mérito pues en ese país el lujo democrático es relativamente reciente. Acompañado de varios saloneros habituales del hotel, fuimos conejillos de indias de un menú toda una oda al comistrajo, que hacen realidad mi teoría de que es un género gastronómico de primer orden, que puede estar muy comestible para según que paladares. Arenque tradicional polaco en adobo de canela, jengibre y clavos, confit de cebolla roja y arándano (en una mezcla de agrios rarísima que o entusiasma o se aborrece), Queso polaco “oscypek” a la parrilla servido con bacon crujiente, jalea de hidromiel y confit de arándanos (otra fusión según se entiende en Polonia… muy austera y reivindicando la deliciosa “cocina de la miseria” del periodo de entreguerras)

Seguimos con una Sopa agria de harina de centeno con jamón ahumado, huevos y verduras (una oda con mayúsculas al comistrajo en positivo, servida en un pan, con tropezones a gogo, un original sabor agrio super polaco y un aspecto de sopa de post-guerra que me encantó..para hacer fotografías), filete de bacalao cocido al horno con níscalos cocidos a fuego lento con habas y puré de alcachofas y Filete de solomillo de ternera en adobo de hierba de bisonte servido con verduras de raíz asadas, patatas al horno con especias y salsa de boletus (muy correctos y excelsas muestras del alta cocina del país de los Papas), y de postre un super mega ultra dulce Pastel de chocolate y pan de jengibre con confitura de tomates, frambuesas y jengibre. Un menú que hará las delicias del más experimentado de los cocinillas, que guste de fusiones ligeramente forzadas pero apetecibles y sabrosas para sus paladares, con lo cual le auguro un gran éxito en el estupendo restaurante del Palace. Aconsejo maridarlo con el excelente vodka polaco Sobieski, que ayuda a limpiar los deliciosos sabores de la comida polaca de lujo. Calificación: 6,7.Precio por persona: 55€. Sólo cenas: jueves, viernes y sábado.

SERTINA: DELIRIO GOURMET DE POLLO Y VISCERAS

La “Polleria next generation” Sertina acaba de renovarse. Es una pollería de toda la vida que ahora ha dado un salto mortal hacia el mundo del diseño. La tienda de La Vaguada, en la que Sertina ha hecho su mayor apuesta desde su apertura en 1983, ha sufrido un cambio radical, modernizando su imagen y ofreciendo un amplio espacio adecuado a las nuevas necesidades de negocio. Para el cambio de imagen han contado con la colaboración de Gabriel Corchero Studio (autores del precioso Cheese Bar por ejemplo) que ha creado una imagen muy moderna, colorista, logrando cambiar el concepto que hasta ahora se tenía de las pollerías tradicionales, quitando ese aire matarife de exposición de naturalezas muertas.

Una de las principales diferencias es la inclusión de una cocina visible para todos los clientes. En ella, su cocinero, Javier Díaz Fernández, prepara al instante para el cliente cualquiera de los productos frescos recién comprados en la tienda. La mejor selección de despieces y aves como los pollos de Las Landas, los ecológicos, el pollo Lumagorri, de Bresse, codornices de campo, coquelettes, pintadas o pichón, y un largo etc. También gran oferta de casquería, huevos y productos de temporada como la caza, así como sus exclusivos elaborados de receta propia, como supremas de pollo de corral o muslos rellenos, así como una cuidada selección de huevos y toda la propuesta de platos para llevar.

En este espacio showcooking, el restaurante Sudestada, preparó tres delicias de casquería: Lumpiang frito de mollejas de lechal, Riñones de lechal asados con nam prik picante y Curry de lengua de vaca con tomates y patatas. Un delirio de pollo y vísceras. También la manera de presentar todo este “pollerío” ha cambiado radicalmente, con las imágenes artie de la fotógrafa Rosa Veloso, que ha elevado a la categoría de joya unos siniestros pollos muertos. Además la calidad del producto de Sertina está a la altura de otras pollerías Gourmet como Hermanos Gómez. Doy fé. Calificación: Polleria Sertina: 7,8.

RON SANTA TERESA & ORIOL BALAGUER

Ron Santa Teresa, el ron más antiguo de Venezuela, acaba de lanzar una exclusiva colección de trufas heladas creadas por el reconocido maestro chocolatero Oriol Balaguer. Una edición limitada que combina el más puro chocolate negro con el inconfundible ron premium Santa Teresa Selecto elaborado con añejos de hasta diez años. Estas trufas, elaboradas con el cacao más puro de Venezuela, Cuba y Brasil, producen una sensación de dulzura y un toque amargo al paladar con notas de ron gracias a la perfecta fusión entre la suavidad aterciopelada de Selecto y la intensidad del cacao. Son perfectas para los adictos al chocolate, como es mi caso.

Las trufas heladas de Ron Santa Teresa creadas por Oriol Balaguer se presentan en cajas exclusivas, caracterizadas por el diseño y la elegancia de ambas firmas, de 16 unidades cada una. Y es que, cada bocado de estas delicias de chocolate muestra, una vez más, el lujo y la sofisticación de las creaciones de Oriol Balaguer. La colección estará disponible en las boutiques de Oriol Balaguer en Madrid y Barcelona los meses de mayo, junio y julio. Yo ya he comprado una caja (27,50€) para regalar a mi madre el día 6 de mayo. Son joyas comestibles para golosos, pues Oriol como Pierre Hermé, da al dulce el tratamiento de pieza única. Calificación Trufas Oriol Balaguer & Ron Santa Teresa: 7,8