PONCELET CHEESE BAR

Cheese bar es uno de los sitios por excelencia para tomar queso. Su flamante barra, es perfecta para disfrutar de una copa maridada con exquisitas tapas de queso. Nacido en época estival, Cheese Bar quiere convertirse en un espacio en el que luchar contra las altas temperaturas mientras se descubren nuevas opciones gastronómicas relacionadas con el mundo del queso. Partiendo de la base de que el queso es algo bastante asqueroso (si pensamos en su textura, su olor y la manera en la que se obtiene) realmente es una ardua tarea integrarlo y maridarlo con según que cosas… como el pescado por ejemplo. Y en ese intento de vencer la parte gastronómicamente oscura del queso, están los promotores de este bonito local, conscientes de ese gran problema, revisando (para bien) su carta e incorporando geniales tablas personalizadas.

Las tapas son versiones reducidas de los platos que han acumulado tanto éxito durante los pasados meses e incorporan también nuevas creacioness del chef Francisco Pajares. Ofrecen además una tapa de quesos, compuesta por tres tipos de queso seleccionados diariamente por los Maitres Fromagers (lo hacen estupendamente viviendo toda la parafernalia quesera como si de una ceremonia se tratase). Un recurrente piscolabis que resulta óptimo para comer o cenar por un precio de entre 14 y 16€ degustando, por ejemplo, dos tapas y una bebida. Una opción positiva para ir cenar a base de quesos cortados, servidos y maridados perfectamente bien. Vamos, con una tabla y un vino sales de allí felizmente rodando calle abajo…

Cheese bar destaca también por sus desayunos, su zona de copas con una carta de vinos y destilados Premium especialmente pensada para tomar con queso, y su preciosa biblioteca donde poder descubrir todos los secretos del queso leyendo sus libros. Pero quien no quiera una tabla, puede probar la nueva carta. Muy pulida e integrando el queso de manera fluida y discreta, evitando asi que la fusión sea forzada. No olvidemos que la presencia de queso en un plato es uno de los garantes del comistrajo, y es dificil tratarlo correctamente en cocina. Llegué mentalizado para catar comistrajos queseros (armado con una sobrecito de Sal de Frutas Eno de naranaja que es mi kit de supervivencia para esos restaurantes de Dios), y me soprendieron gratamente los nuevos platos, que armonizan con el queso sin meterlo con calzador. No hizo falta sacar mi armamento secreto de bicarbonato orange.

Destaco de su carta los lomos de sardina Parrocha en escabeche suave con bastones de queso Grazalema (maridan bien como acompañamiento al escabeche), el tomato Kumato con queso pasiego (excelsa muestra de que queso y tomate son compatibles), los falsos gnocchis de queso Zamorano asados y con salsa de tomate trufada (un sencillo plato muy austero que vuelve a ensalazar el bizarro binomio queso-tamatuno) y los chipirones a la plancha con queso de Cantagrullas (que con algún trazo de comistrajo-recordemos que lleva queso fundido como relleno- se dejan comer muy bien y son un buen intento de la fusión desnaturalizada que supone pescado y la leche de una vaca fermentada), y los geniales helados de queso sólo servidos en este saloncito con jardín vertical y acustica a lo madrileño (con ruido extra). Todo un acierto las super mega ultra buenas tablas de queso, y la carta progresa muy acertadamente. Poncelet Cheese Bar. Calificación: 7,1. Tabla de Quesos: 7,7. Carta: 6,7. Decoración: 7. Servicio: 7,8.

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