EDOUARD LOUBET EN EL RITZ MADRID

Con tan sólo 22 años, Edouard Loubet comenzó a descifrar los secretos del paisaje provenzal a través de su cocina. Veinte años después y con dos estrellas Michelín en su restaurante Maison Edouard Loubet, el chef francés ha conseguido, con una cocina de exquisita sencillez y las materias primas más genuinas, convertir sus platos en auténticas melodías de sabores y aromas de la Provenza que cambian cada estación. Hasta el 25 de noviembre de 2012 el chef francés comparte fogones con Jorge González para deleitar a los clientes del restaurante Goya con una selección de platos elaborados con productos locales y de temporada del sur de Francia. A dar fé de todo ello acudí una vez más a los recargados salones del centenario hotel para probar este menú de una cocina francesa, que reinó en el siglo XX, pero que en el XXI ha quedado ya algo desfasada y entrado directamente en la categoría de Cocina Demodé, algo que no es ni bueno ni malo, tan sólo un hecho constatado.

Como buen chef francés Loubet usa las hierbas en sus guisos y aperitivos, como la tapenade de anchoas con verduras crudas (rollo entremés de pequeño hotel de campo gabacho); un trocito de pizza muy fina y crujiente con trufa negra de Claparedes (con un sútil y acertado toque trufado en formato aceitoso); una bolita de cordero empanado con mostaza de rúcula; otra de brandada de bacalao a la mejorana; y una tercera de pato ahumado con alcaravea (ambrosías de la campiña de la Provenza) en lo que bien pudiera ser entrantes del banquete de Asterix y Obelix. Regado todo con un vino blanco del propio chef (garnacha blanca, vermentino y rousanne), correcto y con una nariz de manzana Golden, Ruinart Blanc de Blancs y otro tinto de Loubet del 2006. Después una genialidad en forma de plato de zanahoria de Bonnieux en texturas: una baby a la brasa, trozos en crudo y marinados, jugo de zanahoria con flor de achillea, y puré de alcaravea, que brilló con luz propia al ser una barata, sencilla y humilde gastrofantasía de zanahoria, elevada a la categoría de delicatessen gracias a las hierbas de Druida del afamado chef. Después dúo de foie gras, confitado uno, a la sartén el otro con una acertada confitura de tomate verde que limpiaba el exceso de grasa del foie y un jugo caramelizado con licor de pino silvestre. Un clásico gastro-francés que dominan como nadie.

Luego una lubina salvaje, marcada en la plancha por un solo lado (al punto y super fresca) con una infusión ligera de salvia, una compota de acelgas y un chip de naranja que le daba un amargor muy Marquesa de Parabere (en definitiva este menu es un gran homenaje involuntario a la Marquesa y una exaltación de cuidado de la cocina viejuna). Para terminar, otro trozo de bosque en forma de plato (lomo de corzo con manzana blanca con un gratinado del abuelo Yvon), que prueba que la caza procesada de manera austera está bastante potable. El gratinado muy bueno pero un poco bomba… Como postre una genial trufa de otoño, chocolate Jivara, crema inglesa de tomillo y crumble de trufa (casi lo mejor del menú) que potenciaba el aroma de la ya quemada trufa en un excelente crujiente. Para el café unos divertidos marshmellows aromatizadosmcn trufa. En definitiva un chef dos estrellas cocinando a la manera francesa, en toda una oda a la cocina “french old school” pero, afortunadamente para los paladares y estómagos, más desgrasada y con un producto excelente. Edouard Loubet en Hotel Ritz. Calificación: 7,1

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