COCTELERIA MOTET

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Tras una discretísima y elegante fachada, el número 30 de la madrileña calle de Lope de Vega encierra, desde hace algo más de un mes, la pequeña y original coctelería MOTET. En el antiguo nombre de la vía, Cantarranas, se han inspirado los responsables del establecimiento para recrear, mediante la decoración, el fondo de un estanque donde algas y batracios conviven bajo la superficie del agua, observados muy de cerca por un pequeño escuadrón de escafandras/taburete. Divertido, acogedor y único: así es Motet.

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El local, casi secreto, responde a un concepto absolutamente inédito en el mundo de la mixología y que refleja bien la personalidad de su joven bartender, Judith Walde. Ni vodka, ni ginebra: aguardiente gallego de uva albariño. Ésta es la base, el ingrediente diferenciador que Judith utiliza en todos sus cócteles. Así, podemos imaginar que si el propio 007 pidiera en la barra de Motet su habitual vodka Martini “mezclado, no agitado”, una sonriente Judith le diría: “ Mr. Bond, ¿y si en vez de vodka le echo aguardiente gallego?”. Y luego le explicaría que el vodka tiene un sabor casi neutro y que su versión del Martini usa aguardiente de albariño traído directamente de Vigo gracias a su socio gallego Gerardo González. Con un aforo aproximado de 60 personas, esta nueva coctelería de la calle Lope de Vega ofrece una curiosa carta de mezclas con nombres tan sugerentes como Sexo en Sanxenxo o Barsinson, en cuya composición se encuentra el aguardiente gallego en el que Judith macera diversas frutas y botánicos para ofrecer, a un precio único de 8 euros, una experiencia distinta a sus clientes. Por supuesto, no renuncia a la carta clásica de cócteles como el Cosmopolitan o el Pisco Sour al mismo precio único de 8 euros y, para los menos arriesgados y siempre por idéntico desembolso, todo un abanico de combinados con marcas premium.

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Pero también se puede tomar café “todo el día o toda la noche”, como reza la carta. Café solo o en cualquiera de sus versiones, incluidos caralliños (carajillos), que se ofertan a 2’90 euros y que, junto con la queimada (3 euros) constituyen otro guiño a la “galleguidad”. Auxiliada tras la barra por Reyson, Judith Walde rescata la figura del bartender clásico: eficaz, midiendo cantidades y dosificando el tiempo necesario para que cada mezcla sea irreprochable. Además, en esta era en que la prisa es norma y tomar una copa se ha convertido en algo uniformado por las modas, Motet recupera el placer de la charla con ese terapeuta de las barras que siempre fue el camarero “ilustrado”. En esta pequeña coctelería saben que en el tiempo necesario para elaborar un cóctel y en el rato que pasamos degustándolo, no hay nada más triste que el silencio. Y, si el cliente es poco hablador, siempre puede escribir algo en el posavasos. Pida prestado un bolígrafo a Judith. Motet Coctelería C/ Lope de Vega, 30 Madrid.

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